Resulta que hay una forma correcta y otra incorrecta de guardar las patatas para que duren meses, no semanas

David Alvarez

Durante años guardé las patatas como lo hacía casi todo el mundo: las dejaba dentro de la bolsa en la que las había comprado y las colocaba en cualquier rincón libre de la cocina.

Algunas semanas después, encontraba patatas blandas, arrugadas o llenas de brotes. En ocasiones, incluso aparecía una patata podrida en el fondo de la bolsa y terminaba estropeando las demás.

Pensaba que era inevitable, hasta que descubrí que el problema no siempre estaba en las patatas. Muchas veces, era la forma de almacenarlas.

Con las condiciones adecuadas, algunas patatas pueden conservarse durante mucho más tiempo. La variedad, su frescura al comprarlas y la temperatura de la casa también influyen, por lo que no todas durarán varios meses. Aun así, estos sencillos cuidados pueden prolongar notablemente su vida útil.

El primer error: dejarlas dentro de una bolsa de plástico

Las bolsas de plástico retienen la humedad y dificultan la circulación del aire. Esto puede crear el ambiente perfecto para la aparición de moho y podredumbre.

Al llegar a casa, conviene sacar las patatas de su envoltorio y colocarlas en un recipiente que permita que el aire circule.

Puedes utilizar:

  • Una cesta de mimbre
  • Una caja de cartón con pequeños orificios
  • Una bolsa de papel abierta
  • Un saco de tela transpirable
  • Una caja de madera ventilada

No hace falta comprar un recipiente especial. Una caja de cartón limpia puede funcionar perfectamente si está seca y tiene suficiente ventilación.

También puedes cubrir las patatas ligeramente con papel o un paño oscuro y transpirable, sin cerrar completamente el recipiente.

La luz es uno de sus peores enemigos

Las patatas necesitan oscuridad. Cuando reciben demasiada luz, pueden adquirir un tono verdoso y producir mayores concentraciones de glicoalcaloides, como la solanina.

Por eso, el alféizar de una ventana, una encimera soleada o un estante abierto no son buenos lugares para almacenarlas.

Si una patata presenta una zona verde pequeña, se puede retirar generosamente junto con la piel. Sin embargo, si está muy verde, tiene un sabor amargo o muestra varios signos de deterioro, lo más prudente es desecharla. Cocinarla no elimina por completo estas sustancias.

Un armario oscuro y bien ventilado puede ser una opción, siempre que no esté cerca del horno, del fregadero o de una fuente de calor.

No deben pasar ni demasiado calor ni demasiado frío

La temperatura importa mucho.

En una cocina cálida, las patatas tienden a perder firmeza y desarrollar brotes más rápidamente. Por eso, el lugar ideal suele ser fresco, oscuro, seco y ventilado.

Un sótano seco, una despensa fresca o un trastero adecuado pueden funcionar bien. Pero hay que evitar lugares húmedos, zonas expuestas a heladas y espacios donde la temperatura cambie constantemente.

Tampoco conviene guardar patatas crudas en el congelador. Su gran contenido de agua puede alterar completamente la textura.

El refrigerador puede prolongar su conservación, pero las bajas temperaturas también pueden transformar parte del almidón en azúcares. Esto puede cambiar su sabor y hacer que se oscurezcan más al cocinarlas a temperaturas elevadas. Si no tienes otro sitio fresco, sigue las recomendaciones de conservación del envase y evita cocinarlas hasta que queden excesivamente oscuras.

Nunca las guardes junto a las cebollas

Es muy común colocar patatas y cebollas en la misma cesta porque ambas suelen usarse juntas al cocinar. Sin embargo, almacenarlas juntas no es una buena idea.

Las cebollas liberan gases y humedad que pueden acelerar el deterioro y la aparición de brotes en las patatas. Las patatas, a su vez, también pueden contribuir a que las cebollas se estropeen antes.

No es necesario guardarlas en habitaciones diferentes. Basta con colocarlas en recipientes separados y dejar cierta distancia entre ellas.

Las patatas tampoco deben almacenarse junto a fruta que madura rápidamente, como manzanas o plátanos, porque el etileno que liberan puede favorecer cambios prematuros.

No las laves antes de guardarlas

Una patata cubierta con un poco de tierra puede parecer sucia, pero lavarla antes de almacenarla añade humedad a su superficie.

Y la humedad es precisamente una de las principales causas de moho y podredumbre.

Lo mejor es guardar las patatas sin lavar y limpiarlas justo antes de cocinarlas. Si tienen tierra suelta, puedes retirarla suavemente con un cepillo seco, sin dañar la piel.

Si alguna patata se moja accidentalmente, deja que se seque completamente antes de colocarla con las demás.

Revisa el recipiente cada pocos días

Una sola patata en mal estado puede afectar rápidamente a todo el grupo. Por eso, conviene revisarlas de vez en cuando y retirar cualquier pieza que presente:

  • Zonas blandas o húmedas
  • Olor desagradable
  • Moho visible
  • Líquido en la superficie
  • Manchas oscuras profundas
  • Color verde intenso
  • Brotes excesivos y pulpa arrugada

Una patata firme con un brote pequeño no está necesariamente estropeada. Puedes cortar el brote y la zona que lo rodea antes de cocinarla. Pero si está muy blanda, arrugada, verde o amarga, es mejor no consumirla.

Cada vez que hagas la revisión, gira ligeramente las patatas para que ninguna permanezca presionada siempre contra el fondo del recipiente.

Un truco sencillo para no desperdiciar las más antiguas

Cuando compres una bolsa nueva, no la mezcles inmediatamente con las patatas que ya tienes.

Coloca las más antiguas en la parte superior o en un recipiente diferente para utilizarlas primero. Es el mismo principio que se emplea en muchas cocinas: lo primero que entra debe ser lo primero que se consume.

También es útil elegir patatas firmes, secas y sin cortes al comprarlas. Las piezas golpeadas o dañadas deben utilizarse antes, porque suelen deteriorarse con mayor rapidez.

¿Cuánto tiempo pueden durar realmente?

No existe una duración idéntica para todas. Las patatas nuevas y de piel fina suelen conservarse menos tiempo que las variedades de almacenamiento, que tienen una piel más gruesa.

En una cocina cálida pueden empezar a brotar en pocas semanas. En condiciones frescas, oscuras, secas y ventiladas, ciertas variedades bien curadas pueden mantenerse en buen estado durante varios meses.

Por eso, en lugar de confiar únicamente en una fecha, revisa su aspecto, firmeza y olor antes de utilizarlas.

La forma correcta, resumida en cinco pasos

Para ayudar a que las patatas duren más:

  1. Sácalas de cualquier bolsa de plástico cerrada.
  2. Colócalas en una cesta, caja o bolsa transpirable.
  3. Busca un lugar fresco, oscuro, seco y ventilado.
  4. Mantenlas alejadas de cebollas, plátanos y otras frutas.
  5. Revísalas regularmente y utiliza primero las más antiguas.

Desde que empecé a seguir estos pasos, encontré muchas menos patatas blandas y olvidadas en el fondo de la despensa. No fue necesario comprar ningún aparato ni recurrir a trucos complicados.

Solo tuve que entender lo que las patatas necesitan: oscuridad, aire, una temperatura adecuada y un poco de atención.

A veces, evitar el desperdicio no depende de comprar menos, sino de aprender a conservar mejor lo que ya tenemos.